Ana Pastor, la Mujer, la Presidenta, con mayúsculas.

Ayer se vivió en el Congreso de los Diputados uno de los episodios más deleznables de la democracia. El diputado Rufián, al que hemos de dirigirnos como «señoría», que manda narices, volvió una vez más a usar su escaño como centro de un espectáculo, una bufonada, una llamada de atención porque es evidente que como parlamentario no sirve.anajefa

Rufián es un personaje creado a sí mismo. No es buen orador, no es buen político, y por eso tiene que hacer las bufonadas, para que la gente se fije en él. En todas las sesiones o comisiones en las que le he seguido, no he conseguido aún saber cuál es su pensamiento político, lejos de llamar fascistas por doquier a todo lo que se mueve, de insultar impunemente, y de cortar al que habla insistentemente con las consiguientes llamadas al orden. Pero dejemos el minuto de gloria de este bufón.

Ana Pastor Julián. A ella quiero referirme. Ayer, en un emotivo y absolutamente necesario discurso (improvisado, no como la mayoría de los que suben al estrado con el discurso escrito, incluidas las réplicas) tras decir lo que muchos pensamos, que el nivel de los diputados es francamente mejorable, se refirió a alguna información en la que, despectivamente, se refieren a Ana Pastor como la «institutriz» de manera machista y peyorativa.
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El que le aplica ese apelativo, es que conoce bien poco a Ana Pastor. Ana conoce en primera mano las actitudes machistas, ¡cómo para enfrentarse a ella!

Déjenme traer una anécdota para conocer bien a esta mujer. Con veintipocos años, cuando, recién titulada en Medicina, consiguió plaza como médico en un pequeño pueblo de la provincia de Pontevedra llamado Crecente, una de las primeras visitas llamó a su puerta, y al ver a una mujer muy joven, y no muy alta, le dijo «niña dile a tu padre que salga». Evidentemente se referían al médico, no concebían una médico mujer. Estamos hablando de los albores de la democracia en un pequeño pueblo del interior de Galicia. Sin embargo pronto se ganó la confianza de la forma que ella sabe: TRABAJANDO. Hoy es Hija Adoptiva de ese pueblo, por su trabajo y por ganarse la confianza de todo el pueblo en su puesto de médico .

Cuando habla de crisis, Ana saca a relucir las crisis que ha vivido como médico, y convierte lo que los demás creíamos una crisis en una mera anécdota. Organiza los grupos como nadie. Tiene ese don tan necesario al mandar sobre algo o alguien. Es trabajadora como nadie. Nunca, y lo juro, he conocido a alguien tan trabajadora. Si el día tuviera 30 horas, sería capaz de trabajar las 30. Duerme muy poco. Prefiere gastar el tiempo del sueño preparando discursos, elaborando notas para los colaboradores, analizar escritos, estudiar… Todo el tiempo le es poco.

Llamarla «institutriz» peyorativamente dice bastante poco del que lo hace. Si cumplir con tu trabajo es insultante, eso quiere decir que el insultador trabaja poco y no reconoce el mérito de la persona que tiene delante. Hace años viví un episodio de cómo hasta qué punto cuando quiere algo, se implica hasta el fondo y enteramente. Cuando se estaba a punto de debatir en el Congreso de los Diputados la Ley de Cohesión y Calidad del Sistema Nacional de Salud, Ana quiso consensuar la ley con todos los grupos, agentes sociales, sindicatos, colegios médicos, de enfermería, etc. Captura de pantalla 2018-11-22 a las 10.57.21Es decir, con todos los que tuvieran que ver con esa ley. Una tarde, ya tarde, me llama Pilar, la secretaria de la entonces ministra de Sanidad, y me pregunta sin estoy en mi despacho del ministerio, y le digo que sí. Me dice que «la Jefa», que era como conocíamos a Ana, y como muchos aún nos referimos a ella, dice que espere y que aún no me marche. Mentiría si dijese la hora exacta, puede que fuesen las once de la noche, quizás más tarde, y suena el teléfono. Pilar me dice que vaya al despacho de la Jefa. Entro y me presenta a su interlocutor: era el diputado de la Chunta Aragonesista, el cantante José Antonio Labordeta. Ana me dice que acompañe al diputado Labordeta al garaje, y que su conductor lo acerque a su casa. Ya en el ascensor, el diputado Labordeta me soltó algo así como «tiene cojones, es la primera vez que un ministro me llama para presentarme un proyecto de ley, y diciéndole yo que sí, que voy a votar a favor, siguió explicándome todo el proyecto y lo beneficioso que sería. Pero si yo ya estaba de acuerdo…» Más tarde la Jefa me contaría que Labordeta le dijo que bastaba con que un ministro o ministra le llamase, porque nunca lo había hecho nadie, para apoyarla. Y sobre todo porque veía en ella a una defensora de los derechos de la mujer. Estuvo Ana varias horas contándole la ley, para que entiendese la oportunidad de la misma, y cuando el diputado le confirmó su voto a favor, ella siguió explicándole la misma. No quería un sí, quería que comprendiese perfectamente las bondades y la necesidad de esa ley, y si tenía que estar allí tres horas, estaría explicándoselo durante tres horas. Su afán por sacar esa Ley dio sus frutos, evidentemente. Consiguió un consenso difícil de olvidar.

Desde que conozco a Ana, su lucha por los derechos por la mujer es una constante. Esa propia ley, o todo lo que se hizo desde el ministerio de Sanidad en los dos años que estuvimos, en favor de la lucha por los derechos de la mujer ha sido siempre una referencia. Hoy sigue siéndolo. Insultarla con tintes machistas siempre es reprobable. Con ese adjetivo que ayer nos contó más si cabe.

Probablemente el día que sucedió este episodio con Labordeta Ana llegaría al despacho antes de las 8 de la mañana, como todos los días. Ese día se iría sobre las 12 de la noche del ministerio. Pero es que ese era el día a día. 15 horas, 16, las que hiciesen falta, diarias cumpliendo como Ministra.

Bastante aguantó Ana ayer. Creo recordar que el último diputado expulsado del Pleno por llamarle tres veces al orden, fue el popular Pujalte en 2006. Han pasado pues 12 años. Pero es que no debería haber pasado ni con Pujalte ni con Rufián. A un niño cuando le llamas la atención por primera vez, agachará la cabeza y no lo volverá a hacer. Si lo vuelve a hacer y le vuelves a reprender, ya sabe que no tiene que volver a hacerlo. Un adulto debería de saber lo mismo. Y un adulto y diputado lo sabe de sobra.Captura de pantalla 2018-11-22 a las 11.45.20

Ayer Ana Pastor demostró con creces por qué es la Presidenta del Congreso. Ayer no dudó en expulsar a un Diputado por sus continuos gestos, espectáculo y demás. Ayer Ana volvió a sacar el genio que tiene, que es mucho y abundante, para poner orden en ese gallinero en que se convirtió el Hemiciclo, pero nos dejó un discurso (improvisado) para los anales del Congreso. Deberían los asistentes reflexionar sobre lo dicho por Ana. Y si no lo oyeron, no se preocupen, al término de este pensamiento tan particular, lo pego literalmente.

«Me quiero dirigir a todos ustedes. El ministro Borrell, en su última intervención, ha dicho una frase que he repetido muchas veces esta legislatura. Esta es la casa de la palabra, pero la palabra no se puede utilizar por ninguno para insultar. Por lo tanto, la presidencia va a retirar, como ya ha hecho en ocasiones anteriores, la palabra fascista y la palabra golpista. Va a retirarla del diario de sesiones. Les voy a decir por qué. El diario de sesiones lo leerán no mañana, lo leerán dentro de cien años. Y esta generación, que posiblemente tuviéramos que representar lo mejor de la historia de España, después de cuarenta años de democracia, estamos demostrando, especialmente en los plenos del miércoles, que no utilizamos bien la palabra que nos han dado los españoles para representarles. Y no utilizamos bien tampoco nuestro modo de estar, porque no solo hay insultos verbales en este Hemiciclo, hay falta de respeto a la presidencia, hay actitudes que son impresentables absolutamente. He tenido que leer en algún medio de comunicación, cuando me escuchan decir silencio, o me escuchan llamar a sus señorías por su nombre… he oído un insulto machista, que se dice la institutriz. Bueno, quiero que sepan que no hay honor mayor que presidir este Pleno, pero también les digo una cosa: no voy a permitir que cosas como han ocurrido esta mañana vuelvan a ocurrir en el Hemiciclo».

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