Ana Pastor, la Mujer, la Presidenta, con mayúsculas.

Ayer se vivió en el Congreso de los Diputados uno de los episodios más deleznables de la democracia. El diputado Rufián, al que hemos de dirigirnos como “señoría”, que manda narices, volvió una vez más a usar su escaño como centro de un espectáculo, una bufonada, una llamada de atención porque es evidente que como parlamentario no sirve.anajefa

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