Una deuda contigo, fiel amigo Beotas

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De izquierda a derecha, Enrique Beotas, Susana Couceiro, Rocío Hidalgo, Jorge Alonso (yo) y Vega Quintela.

Desde el pasado 24 de julio tengo una deuda pendiente. Una deuda a modo de despedida. Una deuda con Enrique. Y necesitaba hacerla efectiva de la mejor manera que podría: escribiendo, como él me enseñó.

Corría el mes de julio de 1989, y este todavía incipiente periodista era llamado a Santiago para una entrevista de trabajo. A un tal Enrique Beotas, absolutamente desconocido para mí, le habían dado mi nombre (entre otros) para formar parte del equipo de prensa que estaba montando en Galicia para que Manuel Fraga se presentase a las elecciones autonómicas por primera vez.

Su primera pregunta fue, «¿de uno a diez, qué te parecen los percebes»? Intuí una pregunta trampa, y le contesté con dos sentidos, le dije que los percebes humanos cero y los de Cedeira 10. Me dijo que de todos los entrevistados era el primero en darle una respuesta sin mostrar ni extrañeza ni contestar a la gallega… La entrevista siguió un guión similar, mezclando preguntas profesionales, con literatura o música… Ese mismo día me dijo que yo era su hombre.

En agosto me incorporé a aquel grupo. Y a pesar de los otros cuatro o cinco gallegos que estábamos en redacción, Enrique me hizo su fiel escudero en Galicia. Así hasta el año 2002, su escudero, y socio en Galicia…

Cuando Fraga ganó las elecciones, Enrique recogió sus bártulos y se volvió a Madrid. Nos dijo que si alguien quería irse con él, que bien, pero que aún no sabía qué es lo que iba a hacer profesionalmente. Casi todos quedaron en Galicia, en la Xunta. Yo me fui con él, eso sí, después del obligado cumplimiento del servicio militar. Y seguí aprendiendo de y con él en Young & Rubicam, Capital Image, Grupo Quator Quindici, esta última la empresa que se decidió montar por fin él. Y yo me volví Galicia y monté la mía, Alonso y Asociados, y de su mano, o gracias a su mano, mi empresa vivió momentos de esplendor. En Alonso y Asociados no pude encontrar a un socio mejor.

Hicimos todo tipo de trabajos. Recuerdo Prevención 98, en el que me fui de Jefe de Prensa en un camión-consulta de la ONCE dando la vuelta a toda España en una campaña de revisión gratuíta de la vista. O la gala en Madrid en la que nos tuvimos que desplazar desde Galicia Andrés, Vega, Susana, Ana y yo para ayudar a los de Quator a montar aquel tinglado. Allí conocimos a Los Panchos, me tomé gintonics con una conocidísima soprano que no mencionaré, joven ella, porque las cosas de camerino no se cuentan; que nadie piense mal, sólo que salió a cantar, y maravillosamente, con las cuatro copas de ron y limón que se metió. También conocimos a una maleducada y conocida cantante asturiana que iba de diva y era la última mona del repertorio. O a un Gabino Diego metido a cantante. Fue algo memorable.

Uno de los más simpáticos fue cuando cenamos él, Cornejo, el empresario teatral, la novia de éste, María José Cantudo y yo en casa de ella. Conocí a una María José Cantudo que sabía de arte, de literatura… Y yo que creía que sólo era musa del destape de los 70… Y vaya colección de arte que tenía en casa.

Sin duda uno de los mejores recuerdos fue cuando me dijo que Julio Iglesias iba a hacer una gira en Galicia, en 2002, y que nosotros nos encargaríamos de la prensa y la logística gallega. Eso da para un post entero. Conocí a un Julio Iglesias absolutamente diferente de la imagen preconcebida que yo tenía de él, Vega bailó con «papuchi» y Calviño comió más percebes que en toda su vida y mía juntos.

Y es precisamente en 2002 cuando mi vida, por culpa, o gracias a Enrique, da un vuelco. Ese verano, creo recordar que fue en agosto, recibo una llamada suya y me dice que la recién nombrada ministra de Sanidad, Ana Pastor, quiere un nuevo Jefe de Prensa en el Ministerio, y que le sugirió mi nombre. Efectivamente, en esas fechas quedé gracias a Enrique con ella en una terraza de una cafetería de Sanxenxo. Y ahí fue el culmen. Mi carrera profesional había alcanzado lo máximo que podía, ser el Jefe de Prensa de un Ministerio. La relación con Ana se alargaría en el tiempo, cuando fue nombrada Vicepresidenta del Congreso de los Diputados, y a día de hoy, que sigue siendo una gran y buena amiga.

Enrique se había inventado la Sexta provincia gallega, de la cual formo parte. Era una sección de El Correo Gallego en el que entrevistaba a personajes gallegos que estaban fuera y destacaban por algo. Y todos los años, en Madrid, o en Galicia, se montaba la fiesta de la Sexta provincia. Mi mujer, Marta, asistió a las de 2011 y 2012. Como siempre, nos trató como él quería tratarme: él corría con todos los gastos, aunque fuese la fiesta en Mondariz, a 15 minutos de mi casa en Vigo, y nos quedábamos en el hotel de Mondariz como invitados de honor.

En 2013 no asistimos. Un imbécil y tonto enfriamiento en nuestras relaciones, sin motivo alguno, hizo que este año no estuviésemos con él. Y ya nunca más podré estar con él. El 24 de Julio, Enrique fallecía en el accidente de tren de Santiago, esa ciudad que tanto pateamos, tanto vivimos y tan felices nos hizo. ¡Cuántos gintoniscs en la cafetería del Hostal de los Reyes Católicos, cuántas Nécoras en el Camilo, y cúantos cientos de kilómetros del Hostal al Rectorado y viceversa, pateando de un lado a otro por la noche la plaza del OBRADOIRO, hablando de proyectos de futuro, de cosas que podíamos hacer juntos! Ahora no puedo llamar a ese número de teléfono tan fácil de memorizar que cualquiera pagaría una buena cantidad de dinero por tener un móvil con un número así, porque ya no oiré al otro lado «Jorgito, ¿que pasa tío»?… Jorgito, la única persona a la que consentía ese diminutivo…

Son tantos y tantos los recuerdos que tengo en la cabeza, tantos momentos buenos, otros complicados, algunos tensos, pero siempre su amistad y su profesionalidad. Enrique no está. Enrique se ha ido. Y no pude despedirme de él. Hasta hace unos días no había asumido completamente este hecho, ahora mis ojos enrojecidos me devuelven a la realidad. Amigo, te has ido para no volver. Y no me he despedido de tí. Si lees esto desde donde estés, quiero que sepas, y eso ya lo sabías, que tu fiel escudero en Galicia, tu colaborador en el programa La Rebotica, tu adlater en estas tierras, tu amigo Jorge, siempre te recordará y siempre guardaré en mi memoria los recuerdos de nuestros momentos, unos públicos y contables y otros privados e inmencionables.

Adiós, Enrique, amigo, socio, compañero…, hasta siempre.

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